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En 1993 tuve la gran posibilidad de estudiar un curso académico en el Instituto Superior de Arte de La Habana, un entrenamiento en actuación y dramaturgia con el gran maestro cubano Tomás González. Una de las experiencias más relevantes de mi formación. A mi regreso a Argentina me presenté a una beca del Fondo Nacional de las Artes para estudiar con el gran maestro porteño Carlos Gandolfo. En esa época yo era profesor de Interpretación Dramática en la Universidad Nacional de Cuyo. Con un poco de allí, otro poco de aquí y mucho de mí organicé un laboratorio de experimentación teatral en Mendoza al que llamé Teatro de la Vida. Me impactaron estas dos experiencias: Tomás González, de ascendencia africana, trabajaba el estado de inspiración del actor a través de la hiperoxigenación, y Carlos Gandolfo, un superviviente, había logrado fijar una serie de ejercicios sobre cómo estimular las emociones del actor para disponer de ellas en el escenario.

Un equipo de interesados en la experimentación teatral me siguió en la experiencia. Intentábamos impulsar el estado creativo de los actores en un diálogo pragmático y lo más original posible en las escenas que creábamos. Escenas que nos proponíamos que despertaran en los espectadores significaciones muy personales.

 

Después me radiqué en Buenos Aires, donde de nuevo gané una oposición como catedrático, esta vez en lo que hoy se llama Universidad del Arte. En esa macrocefálica ciudad continúe la experimentación sobre el Teatro de la Vida.

 

Me llamó siempre la atención el reto de la dramaturgia de las grandes tragedias, y los conceptos del teatro de la muerte de Tadeusz Kantor. Y con esa mirada intenté redefinir un entrenamiento más acotado en el tiempo para formar actores y producir argumentos y formas escénicas propias.

 

En Buenos Aires viví diez maravillosos años, y decepcionado finalmente después del corralito, decidí venirme a España, la casa de mis abuelos.

Aquí, después de varias peripecias, como todo inmigrante, y totalmente enamorado de Madrid, me instalé en el barrio de La Latina, en el que conseguí un espacio diáfano de 30 metros cuadrados que llamé Laboratorio del Teatro de la Vida.

Hemos programado ya tres obras. Este es un teatro donde los espectadores son testigos "a pie de escena". Las primeras actrices que se enrolaron en la aventura fueron Resu Morales y Adriana Córdoba, con Viejas Pánico, obra del

absurdo de la que soy autor y que tiene como protagonistas a dos ancianas que se mueven entre la realidad y la fantasía. En marzo-abril del 2015 hicimos los pases privados para las personas que reservaron.​

En febrero del 2016, tras un proceso de creación colectiva, se estrenó J&B, con los actores Jerónimo Salas y Ricardo del Cano, obra que bucea en el vínculo entre hermanos, dos jóvenes que llegan a desarmar la casa familiar y que, en vez de eso, descubren un secreto guardado por sus padres que les revela una nueva identidad.

 

Y en junio nos hemos adentrado en un nuevo formato, un tríptico de obras breves, titulado Gemelos, que reúne Fecha de caducidad, de Jesús Navarro; El arte perjudica seriamente la salud, de Javier García Mauriño, y Nunca más subiremos a la cima, de Christian Vázquez, interpretadas por los actores gemelos Eneko e Iker Capapay.

Desde el Teatro de la Vida nos inspiramos en hechos cotidianos modulados con otra intensidad. ¿Qué pasa si a la vida cotidiana le ponemos la pasión de los héroes clásicos? A esto estamos invitando al público con nuestro trabajo.

 

El espacio está abierto a nuevos proyectos. El formato es de dos personajes. O de monólogos. Estrenaremos el primero de ellos en otoño de 2016.

 

El espacio ha servido también para que se prepararan otros proyectos. Por ejemplo, el monólogo de Joxean Orbegozo Grandes Éxitos; o Habitación propia, de Cecilia Pascual, obra de teatro físico estrenada en Grenoble; o El pirata Okendo, obra infantil de Mónica Lleó. Por otra parte, Alejandro Bohórquez impartió un curso de actuación ante la cámara, y ahora se está finalizando la película que generaron.

 

Tengo el gusto de trabajar para varios grupos de jóvenes con discapacidad intelectual, que llegan de la mano de la Fundación Carmen Pardo Valcarce.

 

Hemos desarrollado cursos monográficos de monólogos para actores y se rodaron escenas de la primera película de Antonio Morales, Marisa en los bosques, que se estrena en octubre, y del cortometraje de Ezequiel Romero La obra maestra desconocida.

 

Y todo a pulmón, como dice una canción que me encanta. Y con la suma de los que quieren formar parte de este proyecto y brindar por el teatro. Colaboramos en el tejido cultural del barrio y de la ciudad desde un rincón de La Latina. Es lo que sabemos hacer.

Nuestra historia

Trípticos

Los trípticos son montajes teatrales que hemos ideado en Teatro de la Vida y que tienen las siguientes características:

  • sólo dos personajes.

  • tres autores diferentes.

  • pueden ser directores diferentes.

  • los/as mismas/os actrices o actores resuelven las tres obras.

"La vida es una obra de teatro que no permite ensayos... Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida... antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos."

– Charles Chaplin

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© 2016 by Carlos Lorenzo

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